Equinoccio de otoño. 22/09/18, 20:54 hrs. Abundancia y cosecha.

Foto de  Jakob Owens  en  Unsplash

El sábado 22, a las 20:54 horas, tendrá lugar el equinoccio de otoño, momento en el que el Sol cruza el Ecuador celeste, la línea imaginaria que va por encima del Ecuador de la tierra, de norte a sur. En el hemisferio norte inicia el equinoccio de otoño, mientras que en el hemisferio sur inicia el de primavera.

Equinoccio tiene su raíz en el latín aequinoctiumaequus que significa igual y nox que significa noche, es decir "noche igual". Es el día en el que en casi todo el planeta el día y la noche tienen la misma duración.

Tradicionalmente, los equinoccios son momentos de cosecha, tanto que a la Luna llena de septiembre se le conoce como eso, Luna de cosecha. Son tiempos en los que todo en la naturaleza empieza a marchitarse, siempre con el afán implícito por renacer.

Coincide con la entrada del Sol al signo Libra, al que le siguen Escorpión y luego Sagitario. Triada de signos relacionales, bajo cuya influencia y según sus peculiares matices, crecemos a través de nuestras conexiones íntimas. Durante el otoño cosechamos lo que sembramos individualmente para compartirlo con los otros. En Libra reconocemos la necesidad de relacionarnos, consideramos las exigencias del otro y nos vemos obligados a buscar cómo embonar y balancear la navegación en el mundo del tú y yo, y dominar el arte del dar y recibir a todos los niveles, individual y colectivo.

La época de Escorpión es en la que buscamos la profundidad emocional a través de aquellos con los que nos asociamos, nos entregamos a la intimidad y permitimos la salida a lo que estaba contenido, liberamos nuestro espíritu. Al irse disminuyendo la luz nos pueden invadir sentimientos de pérdida y tristeza por lo que pudo haber sido. Pero desde allí, en la calma y la obscuridad y gracias a la agudeza del escorpión, hacemos una inmersión que se traduce en un viaje personal que permite atender y sanar nuestras heridas.

La temporada de Sagitario es cuando elevamos nuestro espíritu, buscamos nuestra luz y la compartimos. Son épocas de celebración y fiestas. El optimismo hacia el futuro nos sirve de hilo conductor hacia el final del año y el inicio del que sigue. Donde nos sentíamos limitados ahora nos corroe la necesidad de correr aventuras donde antes resultaría inimaginable. Le encontramos significado a lo que nos parecía perdido.

Durante el otoño recolectamos los frutos de todo lo sembrado, esperando sean abundantes y deliciosos, para alimentar nuestro cuerpo y alma. Como mejor podemos, nivelamos cuerpo, mente y espíritu. Es una invitación a la reflexión, a la pausa, a la desaceleración de los días, a disfrutar de las recompensas a nuestro duro trabajo. Es momento de preparación para el invierno y sus días fríos y cortos. Es cuando se cristalizan las intenciones que fijamos y venimos trabajando desde la primavera.

Los cambios de las estaciones sirven para restablecer conexiones con los ciclos de la naturaleza y sentirnos parte de ella. Sirven para alinearnos con el mundo afuera y completar nuestro universo personal. Este otoño permitamos un espacio en nuestro corazón para agradecer el camino recorrido, lo lejos que hemos llegado, lo que hemos sobrevivido.